Hoy voy a escribir sin edición y por una vez intentare dejar de ser políticamente correcta, además voy a contar que nací en el tiempo incorrecto soy de la generación e que le dicen los gringos, esa que con sus formulas FMIstas, y su apolitisismo pretendió dejarme sin batallas.
Mientras veía en la TV una cadena interminable de gente marchando con banderas y sonrisas, me acordaba de la tarde esa en que me sacaron de la Plaza Grande a golpes un grupo de chapas, por subversiva. Gritaba para que se respete la vida. Fue ese día que entendí la diferencia entre desfile y marcha.
El desfile siempre tendrá sonrisas y festejo de triunfo. Las marchas tienen el sonido del trucutu en los talones, huelen a gas lacrimógeno y tienen sabor a bicarbonato en las encías. No voy hablar de ideologías aquí, ahora, en ese caso las diferencias suelen ser más grandes.
No me gustan las marchas blancas, pero que eso lo diga una quiteña es un regionalismo de mierda, lo comprendí recién.
No entiendo el grito de Guayaquil Independiente, a no ser que venga de Nebot o de uno de sus secuaces, porque ahí si esta bien, hay que defender el poder de clase. Me aburre el discurso trillado y sin cifras, del puerto comercial que mantiene al país. Con esto me pueden tildar otra vez de “regionalista de mierda”
Lo que realmente me ofende es que un desfile inmenso consiga dividir al país, que se pretenda hacer grupos para militares con el discurso de la independencia y de la inseguridad, que se lleven batallas con marketing de revoluciones sociales, para mantener el poder, y que a causa de un discurso repetitivo, separatista y reaccionario todos los que pensamos diferente seamos ¡regionalistas de mierda!
Ahh hoy se recuerda un aniversario más de Eloy Alfaro, El Viejo luchador y también el primer regionalista importante de este país.